|
| |
SÍNODO DE LOS OBISPOS 2005
Intervenciones de los
Delegados de las Iglesias no unidas a Roma
En 43 aniversario de la apertura del Concilio
Vaticano II y la memoria litúrgica del beato Juan XXIII
RESUMEN
● AUDICIÓN DE LOS DELEGADOS
FRATERNOS
En esta Décimo Cuarta Congregación General han intervenido los Delegados
fraternos:
- S.Em. JOHANNIS (Zizioulas), Metropolita de Pérgamo; Presidente emérito de la
Academia de Atenas (GRECIA)
- Revdo. Ieromonaco Filippo VASYLTSEV, Patriarcado de Moscú (RUSIA)
- S.E. (Marsilianul) SILUAN, Obispo asistente de la Sede Metropolitana de la
Europa occidental de la Iglesia Ortodoxa Rumana (RUMANÍA)
- Rev. Sotiriadis IGNATIOS, Representante de la Iglesia de Grecia ante la Unión
Europea
- S.E. Amba BARNABA, Obispo de la Iglesia Copta Ortodoxa en Roma (ITALIA)
-S.E. Mor SEVERIUS MALKE MOURAD, Patriarcado Siro-Ortodoxo (SIRIA)
- S.E. Norvan ZAKARIAN, Obispo armenio de Lyon (FRANCIA)
- S.E. NAREG (Manoug) ALEMEZIAN, Obispo; Ecumenical Officer of the Great House
of Cilicia (ARMENIA)
- S.E. Abuna SAMUEL, Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía (ETIOPÍA)
- S.G. John HIND, Obispo de Chichester (GRAN BRETAÑA (INGLATERRA y GALLES)
- S.E. PER LØNNING, Obispo emérito de la Iglesia Luterana de Noruega (NORUEGA)
A continuación facilitamos los resúmenes de las intervenciones:
- S.Em. JOHANNIS (Zizioulas),
Metropolita de Pérgamo; Presidente emérito de la Academia de Atenas (GRECIA)
Es para mí un gran honor tener la oportunidad de hablar a este venerable Sínodo
de los Obispos y de traerle los saludos fraternos y los buenos auspicios del
Patriarca Ecuménico Bartolomeo de la Iglesia de Constantinopla. La invitación
dirigida a nuestra Iglesia de enviar un delegado fraterno a este Sínodo es un
gesto de gran importancia ecuménica. Respondemos con gratitud y amor.
Nosotros ortodoxos nos sentimos profundamente gratificados por el hecho que
también vuestro Sínodo considera la Eucaristía fuente y cumbre de la vida y de
la misión de la Iglesia. Es muy importante que los católicos romanos y los
ortodoxos puedan decirlo con una sola voz. Tal vez haya aún algunas cosas que
dividen a nuestras Iglesias, pero ambas creemos que la Eucaristía es el centro
de la Iglesia. Es sobre esta base que podemos continuar el diálogo teológico
oficial entre nuestras dos Iglesias, que está entrando en una nueva fase. La
eclesiología eucarística puede guiarnos en nuestros esfuerzos para superar mil
años de división. De hecho, es un pecado tener las mismas convicciones con
respecto a la importancia de la Eucaristía sin ser capaces de compartirla en una
misma Mesa.
La eclesiología de comunión promovida por el Concilio Vaticano II y profundizada
ulteriormente por eminentes teólogos católicos romanos, puede tener sentido sólo
si deriva de la vida eucarística de la Iglesia. La Eucaristía no pertenece sólo
al bene esse sino al esse de la Iglesia.
Toda la vida, palabra y estructura de la Iglesia es eucarística en su esencia.
[00291-04.03] [DF009] [Texto original: inglés]
- Revdo. Ieromonaco Filippo
VASYLTSEV, Patriarcado de Moscú (RUSIA)
Hoy tengo el gran honor de hablar ante las altísimas presencias y de representar
a la Iglesia Ortodoxa Rusa del Patriarcado de Moscú. El tema del Sínodo de la
Iglesia Católica Romano es actual y está cercano también para nuestra Iglesia.
La Eucaristía es el punto central e importantísimo en la vida de la Iglesia y
para cada persona cristiana. Por ello, el debilitamiento del conocimiento
eucarístico en la vida de la Iglesia lleva al abatimiento de la conciencia
eclesiástica, a cambiar el acento en la importancia de las cosas y a los errores
en la comprensión de los valores cristianos.
Su Eminencia el Metropolitano Cirillo en sus prédicas, más de una vez, había
hablado del hecho que nosotros, la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa, somos
portadores del mismo paradigma de valores espirituales y, desde este punto de
vista, la experiencia espiritual de los unos y de los otros puede presentarse
recíprocamente valiosa e importante.
Estaríamos muy contentos si nuestra experiencia de vida eucarística, tanto la
histórica como la actual fuese útil y pudiera ayudar a la Iglesia Católica
Romana.
El renacimiento de la Iglesia en la Rusia moderna es un hecho bien conocido por
todos. Este hecho tiene que ver con todos los aspectos de la vida de la Iglesia.
Pero el evento que da más alegría está representado por el renacimiento de la
conciencia eucarística, que ha experimentado
importantes cambios en los últimos años.
En la mitad del siglo XIX Santo Metropolitano Filaret de Moscú escribió en su
breve catecismo: “Quien quiera una vida cristiana devota debe tomar la Comunión
cuatro veces al año” (según corresponde a la cantidad de los principales ayunos:
La Cuaresma, el ayuno antes de la Natividad de Cristo, el ayuno antes de la
Dormición, y el ayuno antes de la Fiesta de los Santísimos Apóstoles Pedro y
Pablo). En conformidad con las condiciones de nuestros días, tomar la Comunión
al menos una vez al mes ha entrado a formar parte de la práctica cristiana.
Evidentemente, esta práctica comenzó a tomar forma durante el período de las
persecuciones. San Serafimo Szezdinsky, el Obispo auxiliar de Moscú, escribió en
los años veinte, que la vida de un cristiano debe ser tal que pueda estar
siempre listo para recibir la Comunión. La práctica de la Comunión frecuente, en
el período después de la guerra, existía en los monasterios y era estimulada por
célebres confesores, como el arquimandrita Tavrion Batossky y otros.
Dicho esto, no se debe olvidar que en la Iglesia Ortodoxa Rusa la preparación a
la Comunión incluye, además de la preparación interior, también la Regla (el
ayuno severo de tres días, la visita a la Iglesia durante estos tres día,
oraciones para la Comunión, ayuno eucarístico especial después de medianoche) y
también la confesión obligatoria. Por otra parte, estas reglas severas no son
consideradas como una obligación por parte de la Iglesia, sino como una medida
media que históricamente se fue formando según las tradiciones para aplicarlas a
sí mismos. Como lo demuestra la experiencia de los sacerdotes confesores, sería
necesario que, quien toma la Comunión y frecuenta la iglesia no muy asiduamente,
observase precisamente esta Regla para, a través ”de ella “despertar” y alcanzar
su alma, porque para muchos cristianos no practicantes, el camino de la Iglesia
pasa a través de “lo exterior”, y se presenta a ellos en los himnos y en los
ritos, mientras las verdaderas personas de la Iglesia viven más para la vida
interior.
Indudablemente este enfoque general hacia las reglas exteriores no puede y no
debe ser entendido en sentido absoluto. En este sentido los confesores influyen
mucho en la vida eucarística de la Iglesia, porque tienen la posibilidad de
indicar la dirección basándose en la situación concreta de cada persona, tomando
en consideración la tradición moderna de la Iglesia.
Por lo tanto podemos decir que la conciencia eclesiástica recorre el camino de
la búsqueda de las normas, basándose en las antiguas tradiciones. La regla
número ochenta del Sexto (de Trull) Concilio Ecuménico dice: “Si la persona no
toma la Comunión durante tres domingos seguidos, con ello separa a sí misma de
la Iglesia”.
Para terminar, agradezco una vez más a Vuestra Santidad, a los Reverendísimos
miembros del Sínodo de la Iglesia Católica Romana, por la posibilidad que me
habéis dado de participar con vosotros en la reuniones del Sínodo Abierto,
dedicado al Sacramento de la Eucaristía y de haber podido pronunciar estas
palabras sobre la experiencia eucarística ortodoxa.
[00295-04.03] [DF011] [Texto original: italiano]
- S.E. (Marsilianul) SILUAN,
Obispo asistente de la Sede Metropolitana de la Europa occidental de la Iglesia
Ortodoxa Rumana (RUMANÍA)
El tema de la Eucaristía es central también en la Tradición de la Iglesia
Ortodoxa. La preocupación de la Iglesia católica se une a la de nuestra Iglesia
en muchos puntos, de manera particular, en los siguientes:
1. La preocupación especial per una catequesis mistagógica que permita a los
fieles profundizar la vivencia de la Divina Liturgia.
2. La preparación para recibir la comunión al Cuerpo y a la Sangre de Cristo. El
lugar de la confesión y el papel del ayuno antes de la comunión, etc.
Los beneficios que resultan son muy significativos ya sea a nivel personal que a
nivel eclesial:
1. La toma de conciencia de la importancia de la comunión en la propia vida, aún
poniendo en evidencia, en un primer momento, que la división con los otros
cristianos, hace nacer un sufrimiento auténticamente evangélico que va junto al
deseo de unidad querido por Cristo mismo.
2.El nacimiento de una conciencia comunitaria radicada en la comunión al mismo
Pan y al mismo Cáliz, que sustituye la de la piedad individual egocéntrica; una
mentalidad verdaderamente eucarística y no más de satisfacción de sí.
3. El lugar central de la Eucaristía le da el verdadero significado al
Sacerdocio y, por lo tanto, al episcopado consintiéndole elevarse, abriendo la
perspectiva a una autoridad carismática cuya transparencia a veces se hace
difícil debido a las estructuras administrativas. Ella refuerza la relación
sacramental en el interior de la jerarquía, haciendo del obispo no solamente el
presidente de la asamblea eucarística sino también el padre espiritual de la
comunidad.
4. La vivencia auténtica de la Eucaristía puede y debe traer un testimonio de
gran importancia y necesidad para la sociedad actual, en lo que concierne a la
orientación de la vida hacia “las realidades de lo Alto”, hacia el Reino de los
cielos que “no es de este mundo” (Jn 18, 36)
[00294-04.01] [DF010] [Texto original: francés]
- Rev. Sotiriadis IGNATIOS,
Representante de la Iglesia de Grecia ante la Unión Europea
La Iglesia de Grecia saluda cordialmente a este XI° Sínodo de los Obispos de la
Iglesia Católica, el primero después de la entronización de Su Santidad el Papa
Benedicto XVI. Cada ocasión de expresión sinodal de la Iglesia constituye una
bendición y es fuente de alegría para los miembros del Cuerpo de Cristo.
Participando de esta alegría como delegado fraterno de la Iglesia de Grecia,
expreso el deseo de que sus resultados sean excelentes y den fruto, ¡tanto para
los fieles de la Iglesia Católica como para el diálogo de la caridad entre los
cristianos!
El tema del Sínodo es importante para la vida de la Iglesia diacrónicamente,
pero especialmente ahora que el diálogo teológico entre Católicos y Ortodoxos
retoma sus trabajos, y pone énfasis en la cuestión de la Iglesia y la función
del Obispo. La valorización teológica de la Divina Eucaristía está en estrecha
conexión con la experiencia vivida y con la fe respecto del misterio de la
Iglesia y la diaconía especial del Obispo. La cumbre de la manifestación de la
unidad en el Cuerpo de Cristo es la participación de los fieles a la Divina
Eucaristía, que celebra el Obispo como servicio para la gloria de Cristo y para
su manifestación indivisible e inconfundible en el mundo como Redentor. Este
servicio es una responsabilidad para todo cristiano a contribuir, desde el sitio
que posee según la benevolencia divina, a fin de que se realice en el modo más
completo posible. Nuestra oración en este momento es para que todos alcancemos a
comprender esta responsabilidad con la plenitud que asegura la gracia del
Espíritu Santo. Que este Espíritu de Verdad dirija los trabajos de este
importante Sínodo, para que la vida de cada fiel en la Iglesia sea con la gracia
de nuestro Señor Jesucristo la fuerza de una vida indestructible (Hb 7, 16), de
fe sincera (2 Tm 1, 5), la esperanza que no falla (Rm 5, 5) y perfecta en el
amor (cf. Jn 4, 18).
[00281-04.04] [DF008] [Texto original: italiano]
- S.E. Amba BARNABA, Obispo
de la Iglesia Copta Ortodoxa en Roma (ITALIA)
Deseo en primer lugar dirigir a todos un cordial saludo, con agradecimiento por
los conocimientos que se han derivado de esta ocasión de encuentro: soy Monseñor
Barnaba El Soryany - Obispo general de la Iglesia Copta Ortodoxa en Italia - y
tengo el honor de participar en este Sínodo en representación del Patriarcado
Copto Ortodoxo de Alejandría de Egipto.
El tema de la Eucaristía, afrontado en este encuentro, representa para todos los
fieles cristianos un elemento esencial de vida; los fieles coptos, en
particular, expresan la propia profesión de fe en la Eucaristía, en la presencia
real del Cuerpo y la Sangre de Cristo, durante la Santa Misa y proclaman su
religiosidad considerando la Eucaristía centro de la vida espiritual, expresión
del reino de Dios y fuente de salvación eterna. La Iglesia Copta Ortodoxa la
considera "el Sacramento de los Sacramentos" y, como tal, como alimento de vida
divina, se suministra también a los niños en el día del bautismo.
Los daños causados por el mundo contemporáneo, las cosas feas que presenciamos
cotidianamente, no pueden si no empujarnos cada vez más a buscar en la Comunión
de Cristo una fuente de salvación y la esperanza de un mundo mejor. No se puede
silenciar el hecho de que ya hoy ese Sacramento representa un emblema de la fe
en Cristo Salvador, que une y distingue a todas las Comunidades cristianas. Y
cada día más, arrollados por mil peligros y problemas de vario tipo, se advierte
la necesidad de acercarse a la Comunión para encontrar en ella nuevo alimento y
nueva fuerza que nos permiten afrontar con serenidad las insidias de la vida
cotidiana.
Con el deseo de que este Sacramento actúe como propulsor del camino común hacia
la unidad de todos los cristianos, auguro a todos los Padres Sinodales aquí
presentes un proficuo trabajo para los días a venir y que alcancen justos y
válidos resultados para el futuro de la Iglesia.
[00278-04.04] [DF005] [Texto original: italiano]
-S.E. Mor SEVERIUS MALKE
MOURAD, Patriarcado Siro-Ortodoxo (SIRIA)
En nuestra Iglesia siro-ortodoxa celebramos la Divina Liturgia en siro-arameo,
la lengua de Nuestro Señor Jesús y, durante la Divina Liturgia se recitan
exactamente las mismas palabras dichas por Jesús en la Sala Superior. Y el
sacerdote que celebra este sacramento debe celebrarlo solo. Estoy orgulloso de
vivir en el Monasterio de San Marcos en la Ciudad Vieja, en Jerusalén, donde
Jesús celebró la Última Cena.
Su Santidad el Patriarca Ignatius Zakka I Iwas, en su libro sobre la Santa
Eucaristía, se basó en la enseñanza de San Efrén, San Santiago de Sarug y de Bar
Hebreus: “Según el dogma de nuestra Iglesia, la consagración de los dos
elementos del pan y del vino y su transubstanciación en el Cuerpo y en la Sangre
de Cristo durante la Santa Eucaristía, tienen lugar y son llevadas a
cumplimiento por la oración de invocación al Espíritu Santo y no sólo por las
palabras de Nuestro Señor que el sacerdote celebrante recita como evocación de
Su anuncio y que él debe decir con deferencia, con temor de Dios y con
trepidación, meditando sobre su significado y sobre el gran sacrificio que
Nuestro Señor Jesús ha ofrecido en el inmolarse a sí mismo en la Cruz y en el
salvar a la humanidad. Y el Espíritu Santo es el que consagra todos los
sacramentos celebrados por la Iglesia y que hace sagrados a las iglesias y a los
altares. La substancia del sacramento de la Santa Eucaristía está formada por el
pan y por el vino , allí donde el pan es pan con levadura hecho con harina
llamada “Lahmo” en nuestra Biblia; nosotros no ofrecemos en sacrificio pan sin
levadura. Al mismo tiempo ofrecemos vino rojo estacionado elaborado con el fruto
de la vid mezclado con el agua. Tampoco está permitido recibir sólo el Pan
Santo. Desde hace mucho tiempo en nuestra Iglesia está en vigencia la práctica
de mojar el Cuerpo y la Sangre y de darlo así a los fieles, y de esta manera
ellos reciben el Cuerpo y la Sangre contemporáneamente”.
La presencia de Cristo en la Santa Eucaristía no está constituida sólo por su
presencia corpórea, sino por toda su plenitud de humanidad y de divinidad. De
este modo Jesús está presente en cada parte los dos elementos. Antes de que el
creyente se acerque a la Santa Comunión debería observar el sacramento de la
Penitencia con la confesión individual. Hace poco nuestra Iglesia ha autorizado
para los fieles las confesiones comunitarias.
San Pablo Apóstol exhorta a los creyentes para que se preparen espiritualmente
antes de recibir la Santa Comunión con fe, respeto y con una conciencia
purificada: él debería purificar el propio cuerpo y observar el ayuno desde la
medianoche, que precede el rito de la Comunión. Entre nosotros se acostumbraba
dar el sacramento de la Santa Comunión a los niños inmediatamente después los
sacramentos del Santo Bautismo, el Crisma.
Debemos recordar la Declaración de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, de
venerada memoria, y de Su Santidad el Patriarca Ignatius Zakka I IWas, de 1984,
en la cual, en el párrafo 9, establecieron: “Autorizamos (a nuestros fieles)...
cuando tengan necesidad, a pedir los sacramentos de la Penitencia, de la
Eucaristía y de la Unción de los enfermos a los sacerdotes legítimos de una o de
otra de nuestras dos Iglesias hermanas (la Iglesia Católica Romana y la Iglesia
Siro-ortodoxa)”.
[00274-04.04] [DF001] [Texto original: inglés]
- S.E. Norvan ZAKARIAN,
Obispo armenio de Lyon (FRANCIA)
Tengo el placer de transmitir a Su Santidad, el papa Benedicto XVI, y a todos
los presentes, mis más cordiales y fraternos saludos de Su Santidad el
Catholicos Karékine II, quien desea a esta XI Asamblea General Ordinaria del
Sínodo de los Obispos un trabajo provechoso. Antes de entrar en agonía, antes de
ser arrestado como un vulgar malhechor y morir en la cruz, Jesús instituyó la
Eucaristía, ese alimento sacramental que, por medio de signos visibles, nos
comunica el amor de Dios en Jesucristo, el amor con el que Jesús amó a los suyos
“hasta el extremo” (Jn 13, 1). La Eucaristía es el sacramento del sacrificio
único de Cristo, siempre vivo para interceder en nuestro favor, memorial de todo
lo que Dios ha hecho para la salvación del mundo. El celebrante invoca a Dios
para que envíe su Espíritu sobre el pan (tres veces), después sobre el vino
(tres veces), finalmente sobre las dos especies (tres veces). La consagración,
la Eucaristía, engloba también al pueblo de Dios, es decir, a su Iglesia. Por lo
que se refiere a la comunión, el sacerdote moja la hostia en el vino; luego, de
rodillas en la tarima del altar, parte la hostia en pequeños trozos que tienen
la forma de un grano de maíz y da la comunión directamente en la boca a los
fieles, que están en pie ante el altar. A lo largo de toda la celebración, se
dirigen oraciones al Padre, al Hijo y al Espíritu que es “fuente de vida”. La
liturgia eucarística es una verdadera catequesis para el creyente. Esta larga
oración cantada por el celebrante, los diáconos y el coro se lleva a cabo los
domingos y en ocasión de las grandes fiestas. Alimenta plenamente al fiel.
Acabada la ceremonia, éste es enviado a la misión, ya que Jesús derramó su
sangre por la “multitud”. Debemos, pues, que dar testimonio de todo lo que hemos
recibido: paz, amor, alegría. Nuestra liturgia ha sufrido muy pocas
modificaciones a lo largo de los siglos y no nos tomamos ninguna libertad en
relación con el rito. Los textos, los gestos son los mismos en todas las
iglesias de Armenia y de la Diáspora. Los armenios, diseminados, se reúnen por
tanto con alegría para celebrar la Eucaristía en una asamblea comunitaria.
[00275-04.05] [DF002] [Texto original: francés]
- S.E. NAREG (Manoug)
ALEMEZIAN, Obispo; Ecumenical Officer of the Great House of Cilicia (ARMENIA)
Después de haber transmitido los saludos al Jefe de su Iglesia, Su Santidad el
Catholicos Aram I, Obispo de Alemezian, relató una experiencia eucarística
histórica, que tuvo origen en un evento heroico ocurrido en el año 451. Indicó
sus expectativas en lo que se refiere al estudio de la eclesiología eucarística
por parte de la cristiandad en general y recordó la visita, en 1967, del
Catholicos Khoren I al Papa Pablo VI, motivado por el espíritu descripto en la
Primera Carta a los Corintios, 10, 16.
La palabra armenia utilizada para indicar la Santa Eucaristía es Surp Patarag,
que significa Santo Sacrificio. En la vida litúrgica de la Iglesia estamos al
servicio de Dios (liturgia) y ofrecemos el sacrificio de acción de gracias
(Eucaristía) por los dones que de Él recibimos.
La Santa Eucaristía está centrada en el don sacrificial de nuestro Salvador y
genera una comunión de amor con Dios y con nuestros hermanos a través de la
potencia del Espíritu Santo. Desarrolla de esta manera una función importante en
la difusión de la fe cristiana como continuación de la presencia encarnada de
nuestro Señor crucificado y resucitado para la transformación de nuestra vida
hoy y en el Reino de los Cielos.
Esta realidad está sostenida por la experiencia armenia del martyria, en
obediencia al llevar la cruz hasta el punto de la extrema negación de sí (Mt 16,
24) con el fin de obtener, por la gracia, la corona del justo (cf. 2 Tm 2, 4.
7-8) y para la manifestación de la vida de Jesús en nuestro cuerpo (cf. 2 Cor 4,
6-11).
En el 451, durante una insurrección heroica para proteger su fe cristiana y su
dignidad humana, los armenios participaron en la celebración al Santo
Sacrificio, recibieron el precioso cuerpo y sangre del Cordero de Dios y
proclamaron “Reconocemos a la Santa Biblia como nuestro Padre y a la Iglesia
universal como nuestra Madre”.
Al evaluar la función constructiva de los diálogos ecuménicos bilaterales y
multilaterales y al discutir el tema “La Iglesia como comunión”, les animo a
todos para que se comprometan en el estudio de la eclesiología eucarística, que
sitúa la unidad de la Iglesia en la celebración local de la Santa Eucaristía
presidida por el obispo en comunión con sus hermanos obispos.
A este respecto, el papel distintivo del obispo está indicado como el de aquel
que cuida el rebaño que le fue confiado por el Buen Pastor (Jn 10, 11),
cuidándolo con un celo que se revela en toda su plenitud cuando se comparte
eucarísticamente el único pan (1 Cor 10, 17), para una comunión espiritual y
universal en el cuerpo místico de Cristo (1 Cor 12, 27)
[00277-04.04] [DF004] [Texto original: inglés]
- S.E. Abuna SAMUEL,
Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía (ETIOPÍA)
Deseo presentarles los saludos de Su Santidad Abune Paulos, Patriarca de
Etiopía, Arzobispo de Axum y Echege ante la Santa Sede de San Teklehaimanot. La
Iglesia Ortodoxa de Etiopía es una de la Iglesias Ortodoxas Orientales. Estoy
muy contento de poder presentar algunas de las tradiciones de la Iglesia
Ortodoxa de Etiopía relativas a la Santa Eucaristia. La Iglesia Ortodoxa de
Etiopía, fiel a la recomendación del Señor “bebed todos de él”, distribuye ambas
especies consagradas, pan y vino, a quien comulga. La Iglesia Ortodoxa de
Etiopía no mezcla el Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, excepto en
algunas situaciones de emergencia, como las enfermedades terminales. El Cuerpo y
la Sangre se distribuyen por separado, como nos ordenó hacer nuestro Señor
Jesucristo. En la tradición ortodoxa de Etiopía se observa un severo ayuno
eucarístico. Los celebrantes, los concelebrantes, los sacerdotes, los diáconos y
todos los que comulgan deben ayunar durante al menos nueve horas antes de
recibir la Santa Eucaristía y tienen que pedir perdón por sus faltas. A los
diáconos se permite administrar la Santa Eucaristía, pero distribuyen el vino
con cucharas en forma de cruz. Los laicos no pueden recibir el pan eucarístico
en sus manos, por lo que el celebrante distribuye la comunión en la boca. En la
tradición ortodoxa de Etiopía el sacerdote no puede celebrar la Santa Eucaristía
varias veces al día, sino una sola vez. No obstante, dos, tres o más sacerdotes
pueden celebrar contemporáneamente en altares diversos o también sobre el mismo
altar, recitando juntos todas las oraciones. Esto sucede en Navidad, en Pascua y
en la Solemnidad de María, Madre de Dios. Todos los que comulgan, hombres y
mujeres, como también los niños, se acercan a la mesa con vestidos blancos para
gloria de la Eucaristía. Esta tradición recuerda los dos ángeles de blanco,
sentados donde había estado despuesto el cuerpo de Jesús (Jn 20, 12). Todos los
fieles de la Iglesia Ortodoxa de Etiopía están agradecidos al Señor Jesús por
haber dado a la Iglesia un sacramento tan maravilloso.
[00276-04.04] [DF003] [Texto original: inglés]
- S.G. John HIND, Obispo de
Chichester (GRAN BRETAÑA (INGLATERRA y GALLES)
Traigo los saludos del Arzobispo de Canterbury y la petición de oraciones por
los Anglicanos que pasan por un momento de dificultad. Seguirán algunos puntos
relativos al tema de este Sínodo.
Los problemas de la inculturación evidencian la necesidad de una discusión más
profunda sobre la diversidad y la unidad en el interior de la Iglesia.
¿Cuándo es adecuado compartir la Santa Comunión? ¿Cómo hay que interpretar la
asunción pública de la comunión por parte del protestante Fray Roger Schutz?
La Eucaristía no es ante todo una cuestión, un rito o un ceremonial, sino un
beneficio de la nueva vida en Cristo. Si debemos ser verdaderamente cristianos,
tienen que existir criterios de reconocimiento recíproco. No es menos importante
la medida con la cual nos toleramos los unos a los otros.
¿Cuál es la dinámica de la Eucaristía que Dios ha donado? La cultura que deriva
de la Encarnación afirma la humanidad que Dios nos ha dado, incluida la
diversidad cultural, pero también desafía a cada cultura humana. Solamente en el
diálogo entre la encarnación y las culturas particulares podremos identificar lo
verdaderamente católico.
ARCIC dijo que en la Eucaristía “entramos en el momento de la ofrenda de sí
mismo de Cristo”. La ofrenda de Cristo fue tanto un sacrificio al Padre por
nosotros como un “sacrificar su vida por sus amigos”. La anamnesis de su
sacrificio está, pues, dirigida tanto a Dios como a la humanidad.
Esto demuestra tres puntos fundamentales con respecto a la Eucaristía.
a) En la Eucaristía no se celebra nuestra amistad, sino nuestra reconciliación
con Dios que crea nuestra amistad.
b) Además, es Cristo mismo el Señor de la Eucaristía. Si su encarnación, muerte,
resurrección y venida en la gloria son misterios, si la Eucaristía misma es
“Mysterium fidei”, entonces se debe deducir que también nuestra amistad o
comunión en la Iglesia es un misterion, es decir, que estamos hablando de algo
que no podemos entender únicamente con la razón.
c) Por último, el hecho de estar unidos a Cristo en la ofrenda de sí mismo nos
orienta no sólo hacia Dios, sino también hacia cada uno de nuestros hermanos y
hermanas, por los cuales, en su maravillosa diversidad, el Hijo de Dios ofreció
su vida. “Ite, missa est” es a la vez una afirmación de la plenitud de la obra
de Cristo y un mandato para nosotros de llevarla adelante.
[00280-04.06] [DF007] [Texto original: inglés]
- S.E. PER LØNNING, Obispo
emérito de la Iglesia Luterana de Noruega (NORUEGA)
¡Un cordial agradecimiento de parte de la Federación Luterana Mundial, de las
Iglesias de Noruega y de parte mía por haberme invitado como delegado fraterno y
por haberme acogido de manera tan abierta y fraterna!
Para los luteranos la Santa Eucaristía ha sido y es una preocupación
fundamental. El acento que ponemos sobre la presencia real del Señor, nos ha
llevado durante siglos a negar la fraternidad eucarística con las Iglesias de la
tradición reformada.
Para entrar en el tema de la presente Asamblea, quisiera contar algunas de mis
experiencias de promesas y de dolores en lo que se refiere a la fraternidad
eucarística en relación a la Iglesia católica romana.
En 1971 en Amberes, en Bélgica, fui invitado por primera vez a predicar en el
ámbito de una Misa católica romana. En la sacristía, el celebrante, joven y
comprometido en el campo ecuménico, me preguntó: “¿Naturalmente usted estará
preparado para recibir la Santa Comunión?”. Me di la vuelta enseguida hacia el
obispo presente, que tenía aproximadamente 30 años más que yo: “Dígame, ¿no
sería contrario a las reglas de la Iglesia católica? ”El obispo asintió y yo
continué: “Como huésped, ciertamente no haré nada que no esté de acuerdo con las
reglas de quien me hospeda”. “Gracias por su comprensión”, dijo el anciano
obispo. ¿Y qué sucedió? Durante toda la liturgia él permaneció sentado a mi lado
en el coro, absteniéndose también él de recibir el sacramento. Al final dijo:
“¡Venga, hermano, vayamos al altar e impartamos juntos la bendición!” ¡Qué
experiencia auténticamente ecuménica!
En 1975, en la Abadía de San. John en Minnesota. Durante una conferencia sobre
“El estado actual del ecumenismo”, había expresado el temor de que habrían de
transcurrir muchos años antes de poder establecer formalmente una fraternidad
ecuménica. En seguida se supo que, en aquel lugar, los estudiantes protestantes,
ya desde hacía varios años, se acercaban a la mesa de la comunión sin haber sido
invitados de manera explícita a hacerlo. “Hemos debido hacer pactos -dijo un
Padre benedictino- y éste es el resultado: ¿quiénes somos nosotros para censurar
la obra del Espíritu Santo?”. La semana siguiente escuché la misma observación
por parte del capellán católico en el Luther College en Iowa. Sus estudiantes
habían comenzado a participar en la comunión: “No estoy autorizado a disuadirlos
de que lo hagan pero, mientras estoy sentado aquí observándolos, sólo siento una
cosa: y es que como embajador católico oficial no me pueda unir a ellos”. Hace
diez años, en una catedral católica en el hemisferio sur, le pregunté al
arzobispo oficiante: “Supongo que usted aquí observa las reglas oficiales, así
que ¿puedo permanecer sentado durante la comunión?”. “Hermano, hace mucho tiempo
que aquí no escuchamos nada semejante. Usted vendrá y recibirá el sacramento
inmediatamente después de mí...”
Me apresuro para llegar al punto. Los puntos 86 y 87 de vuestro Instrumentum
laboris me entristecen mucho. Especialmente porque sé que entristecen a muchos
de mis amigos católicos: obispos, docentes, jefes monásticos. Porque se han
presentado conclusiones que se sostienen con la lógica, pero sin ninguna
referencia a los que ha sucedido y sucede en vuestra Iglesia. No se presta
ninguna atención a las opiniones que no están menos fundamentadas en la Biblia
de la que aquí domina. ¿Es que acaso será útil para el progreso ecuménico si
esta última se publica como voz oficial de la Iglesia católica romana?
Si creemos verdaderamente que la presencia de Cristo Salvador está unida al
misterio de la Santa Comunión, ¿cómo podemos permanecer con nuestros altares
divididos y no escuchar la dura pregunta del apóstol que se nos hace: “Cristo ha
sido dividido”?
[00279-04.04] [DF006] [Texto original: inglés]
|