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Actualización
19-05-08
Todo SIBIU 3 SAMBLEA ECUMENICA EUROPEA SIBIU
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El Islam, cuyo significado en árabe se traduce por acatamiento, es sin duda la religión monoteísta en la que el hombre, a semejanza de Abraham (Gn 22,12; Corán 3,67), se somete incondicional y libremente a Dios. Ser musulmán (muslim) es reconocer su soberanía. Mahoma, nacido en La Meca hacia el año 570 y muerto en Medina el 8 de junio del año 632, es el último de los profetas que, como fruto de su experiencia mística, propone el monoteísmo profesado por Abraham frente a judíos y cristianos divididos por la fe, y al politeísmo de su época y de su tierra. Los musulmanes se sienten, por ello, descendientes de Abraham por su fe sumisa en Dios aunque no herederos de la promesa mesiánica y de Ismael por la esclava Agar (Gal 3,16; 4,22-31). En la vida de Mahoma hay dos aspectos especialmente importantes: la revelación que recibe de Dios en sueños y visiones, y la formación de la incipiente comunidad islámica. El Corán (o recitación, en árabe) es el libro sagrado de los musulmanes que recoge las sucesivas revelaciones que Mahoma tuvo a partir del año 610. El Corán no es un libro inspirado sino descendido del cielo por el arcángel Gabriel, del que Mahoma sólo es su profeta (Corán 6,19). Los musulmanes creen que el Corán sucede y supera a la Ley judía y al Evangelio cristiano, como Mahoma es, después de Abraham, Moisés y Jesús, el último de los profetas y el sello de toda revelación. Estructurado en 114 suras o capítulos en orden decreciente de extensión, y en aleyas o versículos. En todas las ediciones se hace constar el título de cada sura (tomado de la primera palabra) y si ésta es mecana (antes del 622, o más antigua) o medinesa (posterior al 622). Fecha clave para el Islam es el 16 de julio del año 622 en que comienza la hégira o era musulmana, porque ese mismo año llega Mahoma emigrando de La Meca a Medina. Entre las suras mecanas y medinesas no sólo hay una diferencia de tiempo sino también de contenidos: las mecanas son más "teológicas" mientras que las medinesas se preocupan más de la variada legislación social de la nueva comunidad. Así, el Corán regula las relaciones con Dios al mismo tiempo que legisla la vida y la comunidad musulmanas. Sin embargo, el Corán como libro escrito está necesitado de un esfuerzo o renovación continua (iytihad) que estudie el orden cronológico de las revelaciones, su interpretación capaz de disipar pasajes oscuros y ambiguos, la abrogación de las aleyas antiguas por otras posteriores o la supremacía de aquéllas frente a éstas, la filología de las palabras, etc. Como Mahoma murió sin haber fijado por escrito el texto del Corán, y aunque sus contemporáneos conocían de memoria muchas suras, se corría el peligro de perderse otras. Esta tarea fue emprendida por su inmediato sucesor, el califa Abu Bakr (632-634) y continuada por su segundo sucesor, el califa Omar (634-644). La primera edición del Corán data del califato de Uzman (644-656) en respuesta a los conversos al Islam que desconocían la lengua árabe en la que fue revelado; de esta edición se enviaron algunos ejemplares a ciudades del naciente imperio musulmán. Con todo, el texto oficial se imprime en El Cairo en 1923 por el rey Fuad de Egipto, aunque con anterioridad han existido varias "lecturas" o variantes. Junto al Corán, descendido del cielo, tiene gran importancia la Sunna, que recoge los dichos y hechos del profeta Mahoma, así como otras tradiciones de la primera generación musulmana. El segundo aspecto importante en la vida de Mahoma es el de la formación de la comunidad musulmana (umma). Mahoma, perseguido de La Meca por su predicación, emigra a Medina y allí organiza a sus seguidores religiosa y socialmente: las suras medinesas son un claro ejemplo de ello. En consecuencia, religión y sociedad van unidas en la realidad de la vida diaria, dando como resultado una comunidad teocrática donde toda ley procede de Dios por el Corán. La comunidad islámica se presenta, así, al mundo de hoy como perfecta, donde el musulmán está seguro de su fe y encuentra en el Corán la solución a los más variados problemas actuales. Sin embargo, la comunidad islámica está dividida no por cuestiones de fe sino de organización: sunnitas y chiitas se disputan si el califa o sucesor ha de pertenecer a la tribu (según la tradición Alí es el cuarto) o a la familia (Alí sería el primero) del profeta. Actualmente todo el mundo musulmán está más bien dividido por su actitud ante el mundo moderno. En este punto el Islam no ha de criticar, sin más, la técnica y la cultura occidentales sino más bien preguntarse qué valores está ofreciendo al hombre de hoy (derechos humanos, dignidad de la mujer, libertad religiosa, etc.). La práctica del Islam es muy clara y se concreta en los llamados cinco "pilares", porque son como el fundamento y manifestación de la fe musulmana, vinculante desde la pubertad: 1. La profesión de fe (sahada) es recitada con mucha frecuencia, y especialmente en el momento de hacerse musulmán ante dos testigos y en el momento de la muerte: Confieso que no hay divinidad fuera de Dios y que Mahoma es su profeta. Esta frase fácil de recordar y que excluye cualquier razonamiento ya era expresada en el siglo VIII como "no decir de Dios más que lo que ha dicho él (en el Corán) y su profeta (en las tradiciones o hadiths). La fe musulmana abarca, pues, la unicidad de Dios, los ángeles, las escrituras reveladas, los profetas y el último día: Creyentes: creed en Dios, en su enviado, en la Escritura que ha revelado a su profeta y en la Escritura que había revelado antes. Quien no cree en Dios, en sus ángeles, en sus Escrituras, en sus profetas y en el último día está profundamente extraviado (Corán 4,126; 2,177). Sin embargo, aunque los musulmanes reconocen los mandamientos del Decálogo, no son mencionados en el Corán explícitamente sino de forma amplia (17,22-39). 2. La oración ritual (salat) es recitada cinco veces al día (amanecer, mediodía, media tarde, atardecer y de noche), en dirección a La Meca y en estado de pureza (bañándose o lavándose la cara, brazos y pies, así como estar descalzo). Dos posturas, la inclinación y la postración, indican la actitud humilde ante Dios y el reconocimiento de su soberanía. La oración del viernes, "día de la reunión" para el musulmán (Corán 62,9), es seguida de un sermón en la mezquita. Puede considerarse como la oración fundamental por excelencia la sura primera (fatiha, o apertura del Corán): En el nombre de Dios, clemente y misericordioso. Alabado sea Dios, señor del universo, clemente y misericordioso, y soberano del día del juicio. Sólo a ti adoramos y pedimos ayuda. Guíanos por el camino recto, el camino de tus agraciados y no el de los condenados y extraviados. Las principales fiestas musulmanas son: la fiesta del sacrificio durante tres días en recuerdo del realizado por Abraham, la fiesta también de tres días de la culminación del ayuno del mes de ramadán, la ascensión del profeta Mahoma, la de su nacimiento, la del año nuevo y la de achura o de los muertos. Todas ellas están repletas de mucha religiosidad popular con diferentes actos piadosos y culturales. 3. La limosna legal (zakat) o impuesto, generalmente en forma de diezmo y en metálico o en especie, tiene como objetivo fundamental compartir la solidaridad con los pobre e indigentes musulmanes. Este precepto está frecuentemente recordado en el Corán junto con la oración. 4. El ayuno durante el mes de ramadán (sawm) está detalladamente preceptuado por el Corán (2,183-187), y consiste en abstenerse de alimentos, bebidas, fumar y relaciones sexuales durante el día. A los enfermos y viajeros se les conmuta por otros tantos días. Su práctica, a veces dificultosa, trata de probar la resistencia física y la voluntad de la persona. Todo el mes de ramadán suele ser una ocasión para instruirse y para revisar la práctica religiosa. Contiene también una especial limosna. 5. La peregrinación a La Meca (hayy), también prevista en el Corán (2,196-200) deberá ser realizada al menos una vez en la vida de todo musulmán con recursos para ir; es como la coronación de todas las prácticas y en cierta medida las incluye a todas. Ha de realizarse en el mes preceptivo y en estado de pureza (baño, cabello rapado y vestidura blanca) como signo de conversión. El ritual de esta peregrinación comienza en La Meca dando siete vueltas alrededor de la Kaaba o templo construido (según el Corán 2,127) por Abraham y su hijo Ismael en cuyo interior se encuentra una piedra negra que los peregrinos besan; posteriormente sigue el rito de correr unos 400 m. entre las colinas Safa y Marna que recuerdan la carrera de Agar buscando agua para su hijo Ismael (Gn 21,19-20). En los alrededores desérticos de La Meca tiene lugar para toda la inmensa peregrinación el sermón oficial. El culmen de la peregrinación lo constituye la oración y meditación en el monte Arafat, para después pasar la noche en Mozdalifa. Antes de regresar nuevamente a La Meca lanzan piedras en Mina contra tres pilares que simbolizan al demonio, y sacrifican un cordero u otro animal en recuerdo del sacrificio de Abraham, para terminar con otras siete vueltas a la Kaaba y cumplir los ritos de "desacralización". Algunos visitan después en la ciudad de Medina la tumba de Mahoma, e incluso las mezquitas de la Roca y Al Aqsa en Jerusalén. El valor de la peregrinación a los santos lugares musulmanes es doble: por una parte se experimenta la alegría de pisar aquella tierra sagrada, y por otra se percibe la variada y multitudinaria comunidad islámica universal. La presencia musulmana en España abarca desde el año 711 con la primera incursión hasta la toma de Granada en el 1492, lo que equivale a un "notorio arraigo" de ocho siglos de historia, de arte y cultura. El Islam presente en España hoy día es sunnita, compuesto mayoritariamente de emigrantes venidos del norte de Africa, con una fe más sociológica que personal y crítica. La Iglesia católica está dispuesta a ofrecer y ofrece el testimonio y la capacidad de diálogo con los musulmanes; es consciente de que la certeza que los musulmanes tienen en el Corán dificulta sentir la necesidad del diálogo, como también la historia no facilitó el diálogo sino que aumentó el prejuicio y el desconocimiento hasta llegar a la confrontación bélica. Los musulmanes no son una amenaza para los cristianos sino un desafío en orden a vivir unos y otros en un país donde los derechos son igualmente reclamados y el respeto a ser diferentes nos hace ser más hermanos. |