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(Texto del Secretariado de
la Conferencia episcopal Española)
Entre las distintas
religiones monoteístas, que profesan la fe en un único Dios, ocupa un
lugar destacado el Judaísmo. En él nació Cristo según la carne, y los
judíos fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la
alianza, la ley, el culto, las promesas y los patriarcas (Rom 9,4-5).
Siguen siendo el pueblo elegido por Dios. Los judíos son "los
hermanos mayores en la fe" de los cristianos.
El judaísmo se
considera heredero de la vocación universal de Abraham. De su
descendencia Dios quiso hacerse un pueblo, con quien estableció sucesivas
y progresivas alianzas, y al que dio finalmente una ley para observarla y
una tierra para habitarla. El Dios de Israel es el creador del universo
que habla a Abraham, se revela a Moisés y se manifiesta en la historia de
los hombres. El pueblo de Israel es elegido entre las naciones como signo
del amor de Dios y de fidelidad a la alianza. La tierra de Israel es un
don de Dios a su pueblo.
La fe judía está
consignada en el llamado Shemá Israel, principal oración judía,
denominada así por sus primeras palabras: Escucha Israel: el Señor,
nuestro Dios, es solamente uno. Amarás al Señor, tu Dios, con todo el
corazón, con toda tu alma, con todas las fuerzas. Las palabras que hoy te
digo quedarán en tu memoria, se las repetirás a tus hijos y hablarás de
ellas estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado; las atarás
a tu muñeca como un signo, serán en tu frente una señal, las escribirás
en las jambas de tu casa y en tus portales (Dt 6,4-9). A este pasaje
se añaden actualmente otros (Dt 11,13-21 y Num 15,37-41) que exhortan al
cumplimiento fiel de los mandamientos.
Durante las
oraciones, los varones se cubren con un paño rectangular de lana o seda
blanca con franjas azules y que se remata con borlas para recordar las 613
prescripciones (248 mandatos y 365 prohibiciones) que la literatura talmúdica
descubre en el Pentateuco.
Además, el piadoso
judío se distingue por la observancia de los mandamientos expuestos en el
Decálogo (diez palabras): Yo soy Yavhé, tu Dios, que te saqué de
Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mi. No
pronunciarás el nombre de Yavhé, tu Dios, en falso. Fíjate en el sábado
para santificarlo. Honra a tu padre y a tu madre. No matarás. No cometerás
adulterio. No robarás. No darás falso testimonio contra tu prójimo. No
codiciarás los bienes de tu prójimo (Ex 20,1-17 y Dt 5,6-22).
Como el Judaísmo es
una religión monoteísta (afirma la existencia de un solo Dios), su
fundamentación se apoya en la Escritura o Biblia judía, por lo que es
llamada "religión del Libro" al disponer de un texto sagrado y
escrito. La Biblia judía (que viene a coincidir con el denominado antiguo
Testamento por los cristianos) se compone de la Ley (los cinco primeros
libros con que se inicia la Biblia, o Pentateuco, atribuidos a Moisés),
los Profetas (Josué, Jueces, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes, Isaías, Jeremías,
Ezequiel y los doce profetas menores) y los Escritos (Salmos, Proverbios,
Job, Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiástés, Ester,
Daniel, Esdras, Nehemías, 1-2 Crónicas). Además del texto hebreo de la
Bíblia y sus versiones griega y aramea hay que tener presente la Mishná
y el Talmud (enseñanza); éste último se compone de la Mishná
(ley oral) y la Guemará o comentarios.
Las principales
celebraciones judías son el sábado en el ciclo semanal, y las tres
grandes fiestas de peregrinación a Jerusalén (Dt 16,16): Pascua,
Pentecostés y Tabernáculos en el ciclo anual, que recuerdan hechos históricos
de gran importancia .
El sábado o sabbat
es el día de descanso, en recuerdo del descanso de Dios al término de la
creación (Ex 20,11) y de la liberación egipcia (Dt 5,15). Es celebrado
desde el atardecer del viernes hasta la noche del propio sábado, según
la cronología de la creación "pasó una tarde, pasó una mañana".
Ya el viernes por la tarde, la madre de la familia enciende dos velas: una
corresponde a "recuerda el sábado" (Ex 20,8) y la
otra a "guarda el sábado" (Dt. 5,12). La celebración
adquiere un carácter festivo y familiar con la cena en que se bendicen el
vino y el pan como signos de alegría y abundancia. En la sinagoga se lee
la Torá, se estudia, se explica y se hacen las oraciones rituales. La
característica más externa del sábado es su reposo, sin que se permita
caminar más de dos kilómetros ni hacer otro tipo de trabajos.
La Pascua, de siete
días de duración, recuerda la salida de Egipto (Ex 12), y se celebraba
con la inmolación del cordero en el templo de Jerusalén hasta que fue
destruido y con la cena pascual, en la que el padre de familia lee
diversos pasajes bíblicos, se consumen panes ácimos y verduras amargas,
un huevo duro y un trozo asado del cordero pascual, y un postre. Pentecostés,
o fiesta de las Semanas, es la segunda fiesta en importancia con dos días
de duración: recuerda la revelación del Sinaí mediante el Decálogo y
la gratitud a Dios al coincidir con la época de los primeros frutos. La
fiesta de los Tabernáculos, o de las Tiendas, de una semana de duración,
celebra la gratitud por las cosechas (Ex 34,22) y se caracteriza por
enramar las casas en recuerdo de la vida nómada por el desierto. Otras
fiestas importantes son las del Año nuevo y de la Expiación, de carácter
penitencial.
Los momentos
importantes en la vida de todo judío son la circuncisión, a los ocho días
del nacimiento, y que indica la vinculación al pueblo elegido, y la mayoría
de edad judía a los trece años por la que se obliga a cumplir los
mandamientos y a participar en la sinagoga. Estos dos hechos fueron
cumplidos por Jesucristo como hombre judío (Lc 2,21 y 41-47). El
matrimonio, celebrado bajo dosel que representa el futuro hogar, es contraído
ante un rabino; el judío enfermo también ha de recitar el Vidni o
confesión de sus pecados y el Shemá Israel como preparación a la
muerte.
En España, la
presencia judía puede datarse a partir del siglo IV durante las épocas
romana y visigoda. Con la conquista árabe en el siglo VIII, los judíos
apoyaron a los nuevos invasores, gozando de gran tolerancia y
florecimiento. Sin embargo, el fanatismo de los almohades venidos de
Africa, la opinión antijudía que se concreta en expulsiones de muchas
ciudades europeas, la unidad político-religiosa de los pueblos cristianos
de Europa, y el bautismo impuesto en los territorios conquistados a los árabes
propiciaron que en 1492 los judíos también fueran expulsados de España.
Desde
finales del siglo XIX se permitió la presencia de judíos en nuestro país.
Gracias al espíritu de libertad religiosa impulsado por el Concilio
Vaticano II se favorece el culto judío hasta llegar el Gobierno español
a reconocer oficialmente el Estado de Israel (17.1.1986) y a formalizar un
Acuerdo con la Federación de Comunidades Israelitas de España
(10.11.1992). La Iglesia católica en España espera y desea del Judaísmo
una más estrecha colaboración y un mayor conocimiento mutuo que evite
antiguos prejuicios, como mejor forma de trabajar por el diálogo judeo-cristiano
en el marco de las relaciones interreligiosas.
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