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Los santos de la Iglesia indivisa

(A propósito de la ruta de oración de San Vicente Mártir)  ver programa --->

 

Los santos de la Iglesia indivisa   (A propósito de San Vicente Mártir)

Es un hecho que el pecado engendra división y que la Iglesia ha caminado por la historia bajo la tentación del pecado y de la división. La túnica de una sola pieza de tejido, de la que fue despojado Jesús en el calvario, ha sido vista por los Santos Padres ,de los primeros siglos, como la figura de la Iglesia que debía estar unida y tejida sin costura. Los seguidores de Cristo nunca se han sentido individualidades con independencia de los demás cristianos, sino persuadidos de que forman una unidad de vida, que es el cuerpo de Cristo, es la Iglesia. La Eucaristía, desde tiempo inmemorial, signo de unidad formula la plegaria “no mires, Señor nuestros pecados sino la fe de tu Iglesia y conforme a tu palabra concédenos la paz y la unidad”.

La unidad es un don que pedimos a Dios  y, a la vez, una tarea que no permite rasgar el manto inconsútil del misterio de la presencia de Cristo en el mundo que subsiste en la Iglesia. Es por ello un don y también una tarea y una responsabilidad. La tarea y responsabilidad de la unidad de la Iglesia es el empeño del ecumenismo, que en la oración, quiere recuperar la unidad que Cristo quiso para su Iglesia.

La gran tragedia de la desunión de la  Iglesia entre Oriente y Occidente tuvo lugar al inicio del segundo milenio. El imperio romano se resquebrajó y el pecado de la incomunicación rompió a la Iglesia dejando separados dos mundos cristianos que habían estado unidos. Pero la tradición de la fe quedó viva en las comunidades cristianas que seguían venerando a los santos y, de modo especial, a los mártires.

Fue en torno al siglo IV cuando, los cristianos se sentían orgullosos de su fe en medio de las persecuciones, corrían por la cristiandad las “actas de los mártires”. Contaban estas actas la grandeza cómo los mártires confesaban la fe, en medio de la persecución, los tormentos y torturas, que pretendían disuadirles de confesar que Dios estaba por encima de los poderes de este mundo.

El martirio de San Vicente fue contado en las “actas” con que los cristianos de Valencia, difundieron entre la cristiandad de oriente y occidente la valentía y la claridad con que San Vicente se enfrentó al poder de Roma en defensa de la fe. El poder de Roma no admitía competidores, ni se podía afirmar que por encima del emperador había una instancia superior, no sometida a los poderes de este mundo.

Junto a estos mártires hoy, los cristianos orientales y occidentales, los que miran a Constantinopla como principio de unidad, por ser los sucesores del primer discípulo de Cristo, San Andrés; y los que contemplan al Obispo de Roma, sucesor de San Pedro, sobre el que Cristo mismo dijo que quería fundamentar su Iglesia. Es lógico que siguiendo el Camino de San Vicente nos encontremos unidos en la oración. Es un camino de unidad celebrar juntos las actas de los mártires para orar juntos por la unidad de la Iglesia. Tal es el sentido de la peregrinación a los lugares que nos cuentan el martirio de San Vicente, en Valencia,  y que el camino del mártir confesor de la fe en el tormento, sea igualmente un punto de referencia para sentirnos unidos y hermanos de quienes nos precedieron en la confesión de la fe en Jesucristo.

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