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IGLESIA CATÓLICA - IGLESIA ECUMÉNICA

 

Iglesia Católica – Iglesia Ecuménica

Vicente Sastre y Rafael Sarachaga

 

No cabe la menor duda de que la Iglesia es Una. Uno era el grupo de los doce apóstoles escogidos por Jesucristo. Uno el Apóstol sobre cuya roca se propuso edificar su Iglesia. La joven Iglesia nació del Espíritu Santo que la formó cuando él se derramó sobre los apóstoles en oración, junto con María la Madre de Cristo. La Iglesia así nacida, no de carne y sangre, percibió que era El Cuerpo vivo de Jesús que le enviaba su Espíritu. La visión de San Pablo que se encontró con Jesucristo resucitado desveló al apóstol que perseguir a la Iglesia era perseguir a Jesús. El diálogo que nos narran los Hechos de los apóstoles es patente.

“- ¿Señor quien eres?  - Yo soy Jesús a quien tú persigues”.

 

San Pablo lo decía a las primeras comunidades cristianas “sois cuerpo de Cristo”. “Como el cuerpo tiene miembros así también la Iglesia”. Por ello la Iglesia es un “cuerpo de comunión” entre los miembros que la formamos. Esto es incompatible con divisiones y referencias a otros fundadores que no sea Cristo mismo. La noche en que Jesús dejó su testamento de unión y amor pidió a Dios Padre: “Pido por ellos para que sean uno como tu mismo estás en mi y yo en ti”. La comunión entre las personas de un solo Dios, es la imagen de la comunión de la Iglesia.

 

Cualquier cristiano que perciba su unión con el resucitado, no puede quedar insensible al espectáculo de las divisiones entre los cristianos. Por ello nadie puede quedar insensible a cualquier esfuerzo de recuperar la unión de los cristianos. En el corazón del cristiano no cabe el frío de la indiferencia ante la misión y exigencia de la unión entre cristianos.

 

Como dijo San Pablo, para que exista unidad, es preciso un esfuerzo por mantener la “sana doctrina” sin dejarnos llevar por cualquier conveniencia que nos quiera plegar a la realidad de la desunión. La Iglesia nació con una enorme sensibilidad para custodiar la doctrina sobre la identidad de Jesucristo y la identidad de la Iglesia. Este empeño es simétrico al empeño por mantener la unidad. El que quiera ir por libre, se sale por su propio pie de la unidad de la Iglesia. Nadie se puede engañar de lo que significa la misión de enseñar la fe que se llama magisterio, que pertenece a los obispos, que son sucesores de los apóstoles. Tampoco es posible que un obispo se desentienda de los demás y enseñe en disonancia con los demás obispos. Finalmente, Jesús ya resucitado, encarga a Pedro confirmar a los hermanos.

 

Dentro de este marco de referencia, los obispos convocados en el Concilio de Nicea (325) definen la fe y la doctrina de la Iglesia en una profesión de fe que llega hasta hoy en la fórmula del Credo. Pues bien, allí se menciona la Iglesia como “una y católica”. Estas palabras son repetidas por todos los grandes grupos cristianos del mundo aunque ha habido intentos de cambiar “Iglesia Católica” por “Iglesia Cristiana”. En efecto, todas las Iglesias son cristianas pero ¿son Católicas? Aquí cabe preguntarnos si católico es lo mismo que ecuménico.

 

Católico es el término del Credo. Las Iglesias separadas de Oriente se llaman en primer lugar “ortodoxas”. Con ello quieren decir que conservan la “sana doctrina”. Pero respecto a la amplitud de la Iglesia y su unidad, se refieren al Patriarca de Constantinopla (Estambul) como el patriarca “ecuménico”. Con ello se refieren a que engloban a todas las Iglesias, lo que quiere decir lo mismo que “católico”. Dicho de otro modo lo ecuménico y católico vendría a decir lo mismo, y en el fondo que la Iglesia es Una. Es decir que el católico es ecuménico y el ecuménico católico. Otro asunto es cómo hacer realidad esta simetría de conceptos. El empeño por hacerlo realidad se llama ecumenismo.

 

 

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