María, Madre de la esperanza,
¡camina con nosotros!
Enséñanos a proclamar al Dios vivo;
ayúdanos a dar testimonio de Jesús, el único Salvador;
haznos serviciales con el prójimo,
acogedores de los pobres,
artífices de justicia,
constructores apasionados de un mundo más justo;
intercede por nosotros que actuamos en la historia convencidos de que el
designio del Padre se cumplirá.
Aurora de un mundo nuevo,
¡muéstrate Madre de la esperanza
y vela por nosotros!
Vela por la Iglesia en Europa: que sea transparencia del Evangelio;
que sea auténtico lugar de comunión;
que viva su misión de anunciar, celebrar y servir el Evangelio de la esperanza
para la paz y la alegría de todos.
Reina de la Paz,
¡protege la humanidad del tercer milenio!
Vela por todos los cristianos: que prosigan confiados por la vía de la unidad,
como fermento para la concordia del Continente.
Vela por los jóvenes,
esperanza del mañana: que respondan generosamente a la llamada de Jesús;
Vela por los responsables de las naciones: que se empeñen en construir una casa
común, en la que se respeten la dignidad
y los derechos de todos.
María, ¡danos a Jesús!
¡Haz que lo sigamos y amemos!
Él es la esperanza de la Iglesia,
de Europa y de la humanidad.
Él vive con nosotros, entre nosotros, en su Iglesia.
Contigo decimos
« Ven, Señor Jesús » (Ap 22,20):
Que la esperanza de la gloria infundida por Él en nuestros
corazones dé frutos de justicia y de paz.