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El ministerio del obispo de Roma, en un simposio convocado
por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.
Ver también: 22-Febrero
2004 |
CIUDAD DEL VATICANO, 27 mayo 2003 (ZENIT.org).-
Del 21 al 24 de mayo teólogos católicos y ortodoxos enmarcaron los puntos
fundamentales sobre la decisiva cuestión el ministerio del obispo de Roma, en un
simposio convocado por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de
los Cristianos.
Con esta iniciativa, su presidente, el cardenal Walter Kasper, ha querido
responder a la petición que Juan Pablo II lanzó en su encíclica «Ut unum sint» a
«encontrar una forma de ejercicio del primado, que sin renunciar de ningún modo
a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva».
La autoridad del obispo de Roma es una de las cuestiones fundamentales que
alejan a ortodoxos y católicos, separados desde el cisma de 1054.
En el encuentro, que sólo tenía un carácter académico, participaron profesores
de las Academias de enseñanza de las Iglesias ortodoxas. En particular, enviaron
representantes el Patriarcado ecuménico de Constantinopla --entre otros al
presidente de la Academia de Atenas--; así como un un representante del
Patriarcado de Antioquía, del Patriarcado de Serbia, del Patriarcado de Rumanía,
de la Iglesia ortodoxa de Grecia, y de la Iglesia ortodoxa de Bulgaria.
Se había invitado también al Patriarcado ortodoxo de Rusia, pero las personas
designadas no pudieron venir a Roma.
Los temas que se debatieron fueron: El fundamento bíblico del primado; El
primado en los Padres; El papel del obispo de Roma en los concilios ecuménicos;
Debates recientes sobre el primado en relación con el Concilio Vaticano I;
Debates recientes sobre el primado entre los teólogos ortodoxos.
Monseñor Eleuterio Fortino, subsecretario del Consejo Pontificio para la
Promoción de la Unidad de los Cristianos, en declaraciones a «Radio Vaticano»,
ha explicado que el clima del encuentro fue «académico», «fraterno»,
«transparente y caluroso».
«Al no tener que llegar a conclusiones, el simposio era bastante libre, lo que
facilitó la discusión sobre los problemas tal y como se plantean tanto en la
Iglesia católica, como en la Iglesia ortodoxa», afirma el sacerdote.
Según monseñor Fortino, la aportación principal del encuentro ha sido la «de
definir y precisar los problemas».
El tema del ministerio del obispo de Roma está marcado por «una historia hecha
también de polémicas, incomprensiones, exageraciones. Me parece que la auténtica
aportación ha sido la identificación de los problemas auténticos, tanto sobre el
fundamento evangélico del ministerio petrino, como sobre la evolución,
crecimiento, y realización de este ministerio en la Iglesia».
En particular, aclara, se estudió la manera en que afrontan la cuestión los
Padres de la Iglesia, las definiciones y acción de los Concilios ecuménicos. En
este sentido, se dejó espacio para aclarar y profundizar en el significado de la
definición del Concilio Vaticano I.
Se trata del primer simposio de estas características celebrado en el Vaticano.
«El estudio está abierto y debe continuar no sólo con las Iglesias ortodoxas,
sino también con las Antiguas Iglesias de Oriente, con las que se plantea el
mismo problema, y creo que sobre todo con las Iglesias provenientes de la
Reforma», afirma monseñor Fortino.
«Con ellas la cuestión es mucho más difícil, pues la materia en cuestión es
mucho más amplia --añade--: por ejemplo, un tema de fondo es el de la sucesión
apostólica y el de la colegialidad episcopal».
Monseñor Fortino explica por último que en la última sesión del encuentro «se
habló también de la posibilidad de hacer una publicación conjunta para promover
una ulterior reflexión y una divulgación más amplia de la problemática».
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