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MIGRACIONES Y UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 

 

En los últimos diez años se han producido en Europa cambios "muy rápidos y profundos".  El problema reside en que el mundo global ha activado el potencial dormido de los “cambios sociales y culturales rápidos y profundos” que  anunciaba hace casi 40 años el Concilio Vaticano II. A pesar del Concilio y en parte por no haber incorporado en la vida corriente sus previsiones de futuro, se esta produciendo un desajuste entre la creatividad de la conciencia cristiana y una cultura en vertiginosa transformación. Es cierto que la Iglesia ha convivido con las más diversas culturas a lo largo de los dos  milenios de recorrido por la historia. La novedad actual está en que la crisis presente se produce por una ruptura cultural de valores que afecta  a los modos de pensar, vivir y comportarse que no tiene precedentes. Uno de los hechos mayores son las comunicaciones en el territorio y en las mentes. Las culturas conocidas se han consolidado en un territorio pero el territorio de la cultura actual es el mundo global. Las personas se desplazan sin problemas por el mundo entero por más que los espacios políticos levanten muros de contención.

 

La ruptura histórica se puso de manifiesto en golpe mortal planeado contra los símbolos del poder global económico, militar y político (El Centro del Comercio Mundial –las torres gemelas -, el Pentágono y la Casa Blanca). Con ello han cambiado casi todo los escenarios de la convivencia pacífica. El desarrollo de la Unión de los pueblos de Europa, ha cambiado también la escena de los viejos nacionalismos y de las autonomías económicas, políticas y militares. Los nacionalismos emergentes no dejan de ser reacciones tardías y nostálgicas promovidas artificialmente por núcleos de poder que aspiran a "manos libres". La movilidad de la población ya no tiene fronteras en ciertas regiones del mundo. La movilidad de las ideas ha puesto su frontera en la velocidad de la luz .

 

En el nuevo escenario está tomando protagonismo la misión ecuménica de la Iglesia, nacida del Vaticano II.  Las migraciones no sólo han acercado a los pueblos sino que las diferentes confesiones cristianas han iniciado la convivencia como si se tratara de una relación de vecinos. Muchos cristianos normales no acaban de entender el recurso a justificaciones históricas cuando lo que en realidad se trata es de preservar el principio de unidad que ha mostrado su debilidad en la forma de entender la Iglesia. El pueblo cristiano desea la unidad y es preciso dar signos reconciliación

 

No hace mucho el anciano Juan Pablo II mostraba una vez más su clarividencia.  «Es necesario – dijo - prestar hoy una especial atención al aspecto ecuménico de la emigración »

 

La promoción de la unión de los cristianos supera la etapa de los diálogos de los teólogos y ha entrado en la vida corriente. Ya no basta la atención económica y legal de los inmigrantes porque además los inmigrantes son cristianos que desean encontrar un ambiente cristiano más allá de sus problemas sociales y laborales. No basta enseñarles como cumplimentar un formulario porque su bienestar también depende de una relación fraterna con otros cristianos; con los cristianos que, sin ninguna responsabilidad propia, nos descubrimos herederos de una historia en la que no hemos participado.

 

La integración social y cultural puede estar pronto estar superada por una sociedad pluricultural en la que conviven en paz diversas culturas. Hace tiempo que los sociólogos hablan de culturas no basadas en territorios sino en sistemas de comunicación. Las confesiones cristianas para estar a la altura de las circunstancias deberían iniciar una comunicación cada día más transparente y sincera con los cristianos de otras procedencias y tradiciones. Esta comunicación que puede ser esporádica entre las jerarquías, es cotidiana entre la gente cristiana. Hoy precisamos estar atentos a estos hechos.  “Es necesario prestar hoy una especial atención al aspecto ecuménico de la emigración”. No es poco lo que decía  Papa Juan Pablo II ni tampoco es poco lo que ha dicho el Papa Benedicto: «Quisiera confirmar mi voluntad de asumir como compromiso fundamental el de trabajar con todas las energías en la reconstitución de la plena y visible unidad de todos los seguidores de Cristo» .

 

Vicente Sastre