Actualización

 

19-05-08

Principal

 

Todo SIBIU

 3 SAMBLEA ECUMENICA EUROPEA SIBIU

 

NOVEDADES

Fiesta

 Ecuménica Mayo 2008

 

Benedicto XVI

Juan Pablo II In Memoriam

In English

 

LA COMISIÓN

Viacrucis Trilingüe

VÍA CRUCIS 04

Semana de Oración por la Unidad 2008

TEMPLO ECUMÉNICO

SANTA SEDE

 CATÓLICOS ORIENTALES
 
Ecumene en Europa

ORACIONES

ORACIÓN Mujeres

Valencia

Ecuménica

PENTECOSTÉS  2003
 
    Noticias    Calendario

Artículos
DOCUMENTOS

IGLESIA-EUROPA

CorreosTel

Enlaces

 Iconos 

Otras Iglesias

en España 

Otras Religiones

Otras Diócesis

*FORMACIÓN

*encuentros

 

 

  

 

 

 

 

 

LAS TRES RELIGIONES DESDE LA PERSPECTIVA CATÓLICA

 

            Se entiende por “tres religiones” las formaciones socio-religiosas  monoteístas que en la actualidad tienen una extendida implantación en el mundo. Fundamentalmente coinciden con el cristianismo, mahometanismo y judaísmo según el orden del número de sus seguidores.

 

Para precisar algo más, en el cristianismo cabrían señalar las comunidades cristianas que comparten la misma fe  con escasas diferencias (católicos, ortodoxos, anglicanos y luteranos). Este conjunto de “iglesias” se hallan hoy empeñadas en un gran proyecto de acercamiento y unidad que se denomina ecumenismo. Todas ellas profesan el credo formulado en el concilio de Nicea  (325). En este Concilio se reconoció una interpretación común de la realidad humana y divina de Cristo.

 

Los seguidores de Mahoma (640) tienen igualmente variantes diversas según distintas tradiciones. Sería simplificar demasiado si los consideráramos formando una comunidad religiosa homogénea. La base fundamental de su unidad es el Corán tanto en lo religioso como en lo lingüístico y cultural

 

El judaísmo se confunde en sus orígenes con la historia del Pueblo de Israel y de hecho los cristianos comparten con ellos dicha historia hasta la venida del Mesías Jesucristo. En la actualidad existen ramas y escuelas con desigual relación entre si. La recopilación de textos religiosos e históricos y las escuelas de interpretación de los mismos, son su principio de unidad y diferencia.

 

Con estas observaciones preliminares, que pueden parecer obvias,  el punto de vista católico ha de formularse de forma global teniendo en cuenta que la Iglesia Católica tiene una postura oficial compartida por los católicos del mundo, formulada en el Concilio Vaticano II en el “Decreto sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas”. Esta definición oficial es exigible a cualquier católico y que está en la base de la aproximación al judaísmo y a los musulmanes.

 

El Vaticano II, es la fuente de inspiración de las relaciones católicas con el judaísmo y el mahometanismo. Desde él se entienden los encuentros y declaraciones conjuntas realizadas por la máxima autoridad de la Iglesia católica en los últimos 40 años. Los católicos con una formación básica, no sólo conocen la doctrina y la práctica de la Iglesia en estas relaciones, sino que se  sienten obligados a tomar iniciativas, aunque en algunas regiones del mundo el deseo de colaboración no sea recíproco.

 

Los principios fundamentales que inspiran y surgen de la lectura de este documento son hoy  la expresión de la conciencia cristiana. Estos principios, formulados en el texto conciliar son los siguientes:

 

a)     En el cumplimiento de la misión de la Iglesia Católica de fundamentar la unidad y caridad entre los hombres y los pueblos, la Iglesia considera aquello que es común a los hombres y conduce a la mutua solidaridad  (n.1)

b)     Todos los hombres tienen un mismo origen y tienen también un mismo fin último que es Dios. La religión muestra una respuesta sobre los grandes interrogantes del ser humano y su destino. (n.1)

c)      La Iglesia exhorta a sus hijos al diálogo y colaboración (n.2)

 

d)     La Iglesia mira con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra.

e)     El Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, promuevan sinceramente la mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres.

 

f)        El Concilio recuerda los vínculos con que el Nuevo Testamento está espiritualmente unido a la raza judía. La Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Pueblo con el que estableció la Antigua Alianza.

g)     El Concilio recuerda que la Iglesia, con las palabras de San Pablo, los reconoce hermanos de sangre, a quines pertenecen la adopción y la gloria, la Alianza y la Ley, el culto y las promesas, y también los Patriarcas y de quienes procede Cristo según la carne (Rom 9 4-5).

h)      La Iglesia quiere fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y aprecio sobre todo en los estudios bíblicos y teológicos y con el diálogo fraterno.

i)        La Iglesia deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de cualquier tiempo y persona contra los judíos.

 

Desde esta perspectiva general de la conciencia cristiana, manifestada como doctrina que concierne a los católicos, cabe analizar ciertas cuestiones que emergen en la actualidad.

 

1.- Las relaciones con la religión judía.

 

                  Está claro que no es posible identificar la religión judía con el Estado de Israel, que es un Estado aconfesional. Poco tienen que ver las buenas relaciones religiosas con ciertas cuestiones políticas. El Estado de Israel cometería un error histórico si considerase que las críticas a su política se basan en motivos religiosos más que a la sensibilidad sobre la justicia y los derechos humanos que comparten muchos sin afiliación religiosa e incluso no pocos de religión judía. El mismo error sería achacable a los dirigentes religiosos si la crítica al Estado de Israel la interpretaran como intolerancia religiosa.  De todos modos algunos problemas que se unen en la conciencia no resulta fácil separarlos en la realidad.

 

Alguna vez se ha formulado que los Evangelios, escritos en una época de tensiones con la comunidad judía no den una visión positiva de la recepción de la persona de Cristo por parte de los dirigentes de los Judíos de la época. Considero que, es anacrónico pensar que tales textos constituyen hoy la base de ningún tipo de antisemitismo. La primera comunidad cristiana también fue judía y judíos eran los apóstoles. La predicación constante de la Iglesia y la interpretación del Evangelio que en ella se realiza, no cae en el simplismo de imputar a la religión judía el drama de Cristo que es con mucho, más amplio y trascendental.

 

El pensamiento católico y quienes lo comparten y difunden no saca de su contexto los hechos de la historia para argumentar puntos de vista que no concuerdan con la realidad vigente. El criterio de actuación y la práctica de la Iglesia Católica no está por recuperar ofensas pasadas ni adoptar posturas victimistas, sino más bien cubrirlas con el manto del perdón. La Iglesia católica en sus hechos y palabras así lo manifiesta y se alegra cuando tal disposición es recíproca.

 

Para que las cosas  no sean más de lo mismo,  ha de formularse un proyecto de futuro que libere las  fijaciones que revuelven el pasado, cuando los signos de algo nuevo están en el horizonte, y son perceptible por todos.

 

Con respecto a la relación entre judíos y católicos,  son un hecho relevante las organizaciones de la “Amistad Judeo-Cristiana”  que la Iglesia fomenta en cualquier parte del mundo, con distinto éxito.

 

No sería razonable pasar por alto hechos presentes que interfieren las buenas relaciones. Me refiero a los hechos que acontecen en Oriente Medio. La Iglesia católica concibe la paz como hecho global en el que se incluye más el perdón que las represalias. Todos estamos sensibilizados en los hechos simbólicos acaecidos en el último año en este territorio de violencia. Está claro que la política siempre ha enturbiado las relaciones religiosas porque el político siempre mantiene la estrategia de la eficacia por encima de los valores religiosos o morales. En este sentido el católico normalmente trata de distinguir, aunque a veces no lo consiga, el liderazgo político del religioso y espera un trato recíproco.

 

2.- Las relaciones con la religión musulmana.

 

            El Corán como referente básico de la religión musulmana, contiene  referencias al cristianismo y judaísmo. Su tardía aparición en el escenario de las llamadas “tres religiones” (siglo VII) incorpora no sólo una visión del hombre ante su Dios sino un proyecto de sociedad.  De ahí la aparición coincidente de Estados Islámicos y comunidades culturales identificadas con su religión.

 

            La Iglesia Católica con relación a los musulmanes, según los principios arriba indicados, “exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, promuevan sinceramente la mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres”. En este empeño se halla el Papa Juan Pablo II, que ha promovido declaraciones conjuntas con los líderes religiosos musulmanes con objeto de evitar simplificaciones en la interpretación de actos terroristas promovidos por organizaciones fundamentalistas. Es cierto que existen tensiones en la relación entre la cultura occidental, postmoderna, individualista, que nivela los valores al Estado y el Mercado, y la cultura de países de otras tradiciones. Llamar a esto “choque de culturas” y exagerar su componente religioso es una simplificación.

 

Por otro lado debe considerarse con más atención lo que se llama “fundamentalismo religioso”. El fundamentalismo no es en si mismo un hecho político o religioso sino mental de exaltación colectiva y de rigidez de pensamiento. Por ello existen fundamentalismos nacionalistas, ideológicos,  religiosos y antirreligiosos. El fundamentalismo tiene mucho que ver con la obcecación de la mente que polariza el pensamiento, lo esquematiza y simplifica. También tiene que ver con grupos cerrados sobre si mismos y escasa comunicación con el entorno social. También se producen como reacción de defensa ante agresiones externas. No cabe duda de que dichos fundamentalismos enturbian las relaciones en la misma medida en que adoptan posiciones políticas y o no se tiene sobre ellos un juicio crítico responsable.

 

La movilidad de las poblaciones y el desarrollo de los medios de comunicación social pueden situar a la defensiva tradiciones religiosas que se sienten agredidas o marginadas injustamente. Ciertos laicismos europeos son tan fundamentalistas como los radicalismos políticos de izquierdas o derechas. Tal puede ser el caso de algunas comunidades musulmanas. La conciencia católica tiene claro que debe promover la mutua comprensión pero todavía existen circunstancias sociales y culturales que la dificultan. Me precio de tener en España y en otros países excelentes amigos musulmanes o mahometanos con los que mantengo un diálogo religioso fluido y constructivo.

 

Vicente José Sastre García

Comisión Diocesana de Relaciones Interreligiosas

Valencia (España)