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EL ECUMENISMO EN EUROPA

 

 

Esta presentación de la situación ecuménica en Europa ha sido preparada por el grupo ecuménico local. Se presenta aquí bajo su responsabilidad.

 

Durante siglos, la cultura europea ha estado marcada por el cristianismo. Pero, a la inversa, las diversas culturas nacionales han influido igualmente sobre las Iglesias. La división de las Iglesias, al final del primer milenio, entre la cristiandad occidental y la cristiandad bizantina de la Europa oriental, así como la separación en el siglo XVI entre la Iglesia católica romana y las Iglesias protestantes tuvieron sus orígenes tanto teológicos como étnicos y culturales. De ello resultó una situación eclesial marcada por profundas diferencias en diversas regiones del continente: Iglesias que, en un país, son absolutamente mayoritarias, y en otro constituyen una minoría.

Después del siglo XVI, a tanto han llegado las divisiones que las Iglesias europeas las han exportado a otros continentes a través de la Misión. El movimiento ecuménico moderno hizo que todas las Iglesias de Europa sientan la responsabilidad de permitir una renovación de esta historia y de progresar más hacia la comunión.

En lugar de una simple coexistencia o de un cara a cara de las Iglesias, donde las diferencias en el dominio de la fe emiten sospechas sobre los aspectos comunes, hoy se subraya dada en Cristo por la Trinidad, y a esta luz están esclarecidas y juzgadas las antiguas diferencias teológicas.

 

I. Experiencias ecuménicas 

La comunión entre las Iglesias de Oriente y de Occidente ha sido profundizada por numerosos encuentros y diálogos, tanto entre la Iglesia católica romana y las Iglesias ortodoxas, como también entre las Iglesias reformadas y las antiguas Iglesias orientales.

Desde el punto de vista ecuménico, la Declaración sobre las diferentes cristologías entre las Iglesias ortodoxas y las Iglesias precalcedonenses (1993) es muy significativa.

Las Iglesias ortodoxas y las Iglesias evangélicas surgidas de la Reforma fundaron en 1959 la Conferencia de Iglesias Europeas para favorecer el testimonio común y el servicio común de las Iglesias en la sociedad europea. Es, además, precisamente en Europa donde once años antes se había fundado el Consejo Ecuménico de las Iglesias.

Las relaciones católicas-evangélicas se modificaron fundamentalmente después de aquellos años. Con ocasión del jubileo de la Confesión de Augsburgo, la confesión de fe luterana más significativa de 1530, fue elaborado un documento común: "Todos bajo el único Cristo". También en la misma Europa se manifestaron cambios sistemáticos por medio de las celebraciones ecuménicas y una colaboración en múltiples niveles. Los países de la Europa central, donde la diversidad confesional es considerable, ejercen allí un papel de pioneros. La "Declaración común sobre la Justificación", firmada por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia católica romana en 1999, merece que se la conceda gran atención.

El protestantismo, fraccionado en diversas Iglesias, busca y encuentra más y más su unidad en el seno del movimiento ecuménico. En el Acuerdo de Leuenberg, firmado en 1973, las Iglesias luteranas, reformadas y unidas de Europa se reconocen mutuamente y se declaran en "comunión de cátedra y altar". Las Iglesias metodistas se suman ulteriormente a la Comunión eclesial de Leuenberg. Las Iglesias anglicanas finalizaron acuerdos de reconocimiento recíproco con la Iglesia evangélica de Alemania (Meissen, 1948), con las Iglesias luteranas escandinavas y bálticas (Porvoo, 1994) y con las Iglesias evangélicas de Francia (Reuilly, 1999).

 

Estructuras ecuménicas 

Estos acercamientos ecuménicos, significativos desde el punto de vista de la historia de las Iglesias, actualmente deben ser recibidos y vividos por todo el pueblo de Dios. Por eso, hace falta que las instituciones eclesiales europeas trabajen provechosamente juntas a nivel ecuménico (diaconía y trabajo social, obras de la paz, obras de mujeres, de hombres y de jóvenes, etc.).

Las estrechas relaciones que existen a partir del movimiento misionero con las Iglesias de fuera de Europa son fuente de reflexión para las Iglesias europeas. Las colaboraciones de Iglesia a Iglesia, y también de parroquia a parroquia, estimulan el ecumenismo.

En casi todos los países de Europa existen Consejos nacionales de Iglesias, con una participación creciente de la Iglesia católica romana. En el plano del ecumenismo local, y especialmente en lugares mixtos confesionales, se constata a menudo una experiencia espiritual que anima al movimiento ecuménico.

También existen evidentes frenos ecuménicos. Muchos cristianos e Iglesias viven frecuentemente satisfechos de sí mismos.

"El ecumenismo es bueno y bello. Pero es tal vez más bello cuando estamos solos". Este testimonio, recogido después de una celebración ecuménica, muestra que una apertura y una espiritualidad ecuménicas son aún más necesarias que antes.

 

II. Las Iglesias de cara a un nuevo compromiso 

Europa debe hacer frente a grandes tareas que necesitan avanzar con más ardor hacia la reconciliación de las Iglesias.

Después de 1989, el cambio político que conoció Europa ha abierto una nueva etapa de relaciones entre las Iglesias de Oriente y Occidente. Por ello, el hecho de que las Iglesias hayan conocido al mismo tiempo historias diferentes ha generado entre ellas toda una carga de ingratitud, de incomprensión y de desconfianzas mutuas.

Las Iglesias de Europa tienen conciencia de tener una nueva responsabilidad de cara a los grandes problemas de nuestros tiempos, tales como: la vida común en la diversidad de culturas, de pueblos y de religiones, en particular en el encuentro con el Islam, la cuestión del sentido de la vida; el encuentro de los nuevos grupos o movimientos religiosos que surgen fuera de las Iglesias; el intercambio de dones entre las religiones del mundo; las cuestiones que plantean los derechos del hombre, desde las posibilidades de la genética, como la clonación, hasta las nuevas cuestiones sobre la constitución de la familia y del medio ambiente, etc.

La formación de la Unión europea exige la presencia vigilante de las Iglesias, sobre todo por lo que respecta a la ética y a la cultura. Las Iglesias velan para que la unión de Europa se realice siempre en la perspectiva de un intercambio equitativo con los otros continentes del mundo. Esto quiere decir que las Iglesias de Europa podrán hacer frente a sus grandes desafíos.

 

Colaboración entre la KEK y la CCEE 

La Conferencia de Iglesias Europeas (KEK) reúne a 126 Iglesias anglicanas, protestantes, ortodoxas y vétero-católicas. El Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) reúne a 34 Conferencias Episcopales del continente. La KEK y la CCEE representan, cada una por su parte, a poco más de la mitad de los cristianos de Europa.

La colaboración entre las dos organizaciones constituye una legítima realidad ecuménica en Europa. Se inició en 1971 y se materializó en la celebración de numerosos encuentros comunes como en Chantilly, Riva del Garda/Trento, Erfurt, Santiago de Compostela, Asís, y dos cumbres o asambleas ecuménicas europeas (ROE).

La Asamblea Ecuménica Europea de 1989 en Basilea (Suiza) había reunido, por primera vez en nuestro continente, a todos los cristianos en torno al tema: Paz y justicia para toda la creación. En 1997 se encontraron, en la ciudad austríaca de Graz, más de 10.000 delegados de todas las Iglesias de Europa y alrededor de 200 Iglesias y Conferencias Episcopales, sobre el tema: Reconciliación, don de Dios y fuente de vida nueva.

El comité común "Islam en Europa" pone en marcha una red de encuentros con el Islam: reciprocidad, matrimonios dispares, relaciones entre religión y nación, oración en las religiones y entre las religiones.

La comisión "Iglesia y sociedad" de la KEK y de la Comisión de Episcopados católicos de la Unión europea (COMECE) tienen una y otra sus sesiones de trabajo en Bruselas y acompañan los trabajos de las instituciones políticas europeas.

En la semana de Pascua de 2001, cien responsables y delegados de Iglesias y movimientos ecuménicos y cien jóvenes se reunieron en Estrasburgo (Francia) para un intercambio entre generaciones y para definir orientaciones en el tercer milenio.

Las Iglesias de Europa están comprometidas después de muchos años en un proyecto exigente y rico en perspectivas, como la CARTA ECUMÉNICA para Europa. Se trata de que las Iglesias precisen las metas que quieren alcanzar y determinen las normas para caminar juntas.

 

Perspectivas de futuro 

La Asamblea Ecuménica de Graz ha descrito los desafíos que se ofrecen a las Iglesias para avanzar hacia la unidad visible: 

- la necesidad de una espiritualidad y de una cultura ecuménicas, que conduzcan incesantemente a los fieles al corazón de la Buena Noticia; 

- la ampliación de esta cultura ecuménica a todo el pueblo de creyentes; 

- la apertura de un nuevo espacio ecuménico, que pueda acoger a las familias confesionales en su originalidad, pero también a las nuevas Iglesias del este y del Oeste de Europa, del Norte y del Sur. Este espacio deberá estar exento de obstáculos ligados a la historia, a la cultura, a la psicología y al derecho, para permitir un verdadero diálogo teológico; 

- la profundización del diálogo, a fin de que no haya ninguna contradicción entre el concepto de diálogo y el concepto de verdad; 

- el desarrollo de un ecumenismo que se traduzca en vida, los gestos de amor, los encuentros y la humildad del servicio, para que cada uno pueda beneficiarse de los dones de todos.