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VALIDEZ
DE LOS SACRAMENTOS
El misterio salvador de Dios se
manifiesta en la Iglesia, que es en Cristo como un sacramento o signo
e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género
humano (LG 1). Del costado de Cristo traspasado por la lanza
brotaron, simbólicamente en el agua y la sangre, los sacramentos de la
Iglesia, que santifican distintos momentos de la vida del cristiano.
Este tesoro sacramental es afirmado por la Iglesia católica como
recibido de Cristo, quien otorga a unos signos su eficacia salvadora.
Estos signos son sacramentales porque lo que anunciaban ahora lo
realizan.
Los siete sacramentos se expresan
en unos elementos esenciales recogidos del Evangelio escrito y en forma
explícita de la sagrada Tradición. Algunos tienen, además, la
configuración de mandato ("id y bautizad", "haced esto
es conmemoración mía"), por lo que han tenido mayor relevancia
eclesial. Todos, sin embargo, son signos eficaces y contienen la gracia,
aunque su celebración y administración históricamente ha sido
competencia de la Iglesia.
Ninguna de las diferentes Iglesias
orientales ha puesto en duda todos y cada uno de los signos
sacramentales como acciones santificadoras de Cristo. Por ello, la
Iglesia católica reconoce la validez de los siete sacramentos y la
legitimidad diferente de su celebración y administración:
No
ofrece duda alguna la validez del bautismo, tal como se administra
en las diferentes Iglesias orientales... y el sacramento de la
confirmación (crismación) se administra correctamente por el
sacerdote al mismo tiempo que el bautismo (DE 99 a). Mas como
estas Iglesias, aunque separadas, tienen verdaderos sacramentos y
sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y
la Eucaristía... no sólo es posible sino que también se aconseja
alguna comunicación con ellas en las cosas sagradas, dadas las
circunstancias oportunas y con la aprobación de la autoridad eclesiástica
(UR 15).
Distinto es el caso de las
Iglesias y Comunidades eclesiales separadas en Occidente, originadas o
derivadas de la Reforma protestante, que ponían en duda, negaban o
interpretaban de modo diferente los siete signos sacramentales como no
instituidos por Cristo, salvo el bautismo y la eucaristía que tenían
una mayor fundamentación neotestamentaria. Los protestantes impugnaban
la misma naturaleza de los sacramentos, negando su eficacia y considerándolos
como expresión de la fe en unas ceremonias religiosas.
Aunque reconocen el bautismo y la
santa cena como sacramentos por tener su origen en Cristo, conservan
también las prácticas de la confirmación, de la penitencia, de la
ordenación y del matrimonio. El bautismo constituye un vínculo
sacramental de unidad... y aunque creamos que, sobre todo por defecto
del sacramento del orden, no han conservado la sustancia genuina e íntegra
del Misterio eucarístico, sin embargo, al conmemorar en la santa Cena
la muerte y resurrección del Señor, profesan que en la comunión de
Cristo se significa la vida, y esperan su venida gloriosa (UR 22).
Los criterios de validez
sacramental en las celebraciones de las Iglesias y Comunidades
eclesiales separadas en Occidente de la Iglesia católica abarcan tanto
la naturaleza como su relación con los elementos o signos esenciales:
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El bautismo, como
incorporación a Cristo y a su Iglesia, libera del pecado y regenera
una vida nueva. Si además es administrado por inmersión o infusión
de agua junto con la invocación trinitaria, la validez es indudable
y no cabe la reiteración.
Para afianzar más este primer y principal vínculo cristiano se
recomienda la declaración y el reconocimiento intereclesial del
bautismo, así como la renovación bautismal en celebraciones
comunes.
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La confirmación o unción
con crisma (myron) manifiesta la unción del Espíritu Santo
para la misión eclesial del bautizado. En el estado actual de
nuestras relaciones con las Comunidades eclesiales surgidas de la
Reforma del siglo XVI, aún no se ha llegado a un acuerdo sobre la
significación, ni sobre la naturaleza sacramental, ni siquiera
sobre la administración del sacramento de la confirmación. Por
consiguiente, en las circunstancias actuales, aquellos que entrarán
en la plena comunión de la Iglesia católica viniendo de dichas
Comunidades, deberían recibir el sacramento de la confirmación según
la doctrina y el rito de la Iglesia católica, antes de ser
admitidos a la comunión eucarística (DE 101).
-
La eucaristía
actualiza lo que se realizó en la última Cena: en el pan y vino
ofrecidos se hace presente Jesucristo totalmente, con su Cuerpo y
con su Sangre, siendo invitados a participar de su vida por la
comunión sacramental. Como sacrificio fue encomendado a sus Apóstoles,
y como participación sacramental a todos los cristianos. Así la
Eucaristía está en el centro de la Iglesia, y la Iglesia se
expresa en la Eucaristía.
La celebración de la Eucaristía será defectuosa si hay
deficiencias en el sacramento del orden, si hay alteraciones en los
elementos y palabras empleados, si la significación es ajena a lo
realizado por Jesucristo en la víspera de su pasión.
La comunión sacramental supone la comunión eclesial. Los
cristianos no católicos que pertenecen a tales Iglesias y
Comunidades eclesiales y carecen de ministro propio pueden, en
determinadas circunstancias graves y cumpliendo determinadas
condiciones, recibir la Eucaristía (CIC 844.4). Los católicos que
no dispongan de ministro católico pueden, también cumpliendo
determinadas condiciones, recibir la Eucaristía en aquella Iglesia
en que es válida (CIC 844.2); en ningún caso pueden recibir la
Eucaristía inválida.
4.- La penitencia, signo de
la conversión a Dios y de confesión a la Iglesia por el ministerio
del sacerdote, otorga el perdón de los pecados confiado por
Jesucristo a los Apóstoles (Jn 20,23).
La validez de este sacramento supone igualmente la validez del
sacramento del orden. Los católicos y no católicos pueden recibir
este sacramento observando lo dispuesto anteriormente en relación
con la Eucaristía (CIC 844.2 y 4).
5.- La unción de enfermos
junto con la oración del presbítero (Sant 5,14-15) robustece la fe
en la debilidad y perdona los pecados, ayudando a superar los
dolores de la enfermedad. En todas las Iglesias de la Reforma ha caído
en desuso esta práctica.
También católicos y no católicos pueden recibir este sacramento en
las condiciones ya establecidas para los sacramentos de la
Eucaristía y de la penitencia (CIC 844. 2 y
-
El orden ministerial,
ejercido desde antiguo por el triple orden del obispo, del presbítero
y del diácono (LG 28) para anuncio del Evangelio, santificación
por los sacramentos y pastoreo del pueblo de Dios, capacita para
actuar en la persona de Cristo cabeza, a diferencia del sacerdocio
común. Al servicio de éste está el sacerdocio ministerial,
participado por obispos y presbíteros, y es ejercido en nombre de
toda la Iglesia y no por delegación de una comunidad.
La sagrada ordenación es conferida en el marco de la sucesión
apostólica, es decir, mediante la imposición de manos recibida de
los Apóstoles a sus inmediatos sucesores los obispos.
El ministerio ordenado en la Reforma fue sustancialmente alterado:
se ignoró el sentido de la tradición apostólica, se sustituyó la
ordenación sacramental por la designación de la comunidad, se
conservaron en parte los nombres de los ministerios aunque con
oficios distintos, el sacerdocio ministerial no guarda relación con
la celebración de la Eucaristía, e incluso se modificaron ritos de
la ordenación como manera de afirmar no la comunión sino la
separación de la Iglesia de Roma.
Entre tanto, está prohibido a los sacerdotes católicos
concelebrar la Eucaristía con sacerdotes o ministros de Iglesias o
comunidades eclesiales que no están en comunión plena con la
Iglesia católica (CIC 908). Persevera el dictamen de la
invalidez de las ordenaciones anglicanas, agravado por la ordenación
de mujeres.
7.- El matrimonio es un
sacramento peculiar, basado en el bautismo, en que el consentimiento
del varón y de la mujer bautizados es por ello mismo sacramento
(CIC 1055). Su fundamento radica en ser elevado por Cristo a la
dignidad sacramental, por lo que el matrimonio entre cristianos de
distintas Iglesias es sacramento o signo eficaz de salvación.
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