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Histórica visita ortodoxo
de Atenas S.B.Christodoulos, al Papa -2006- |
Histórica visita ortodoxo de Atenas al
Papa
Proponen avanzar en la unidad colaborando en defensa de la vida y de las raíces
cristianas
La primera visita de un
arzobispo ortodoxo de Atenas y de toda la Grecia a un Papa en el Vaticano, Su
Beatitud Christodoulos, se ha convertido en un paso importante para superar la
división entre ortodoxos y católicos.
El encuentro concluyó con la firma de una declaración común por parte de los dos
líderes religiosos en la que se reafirma la colaboración de ortodoxos y
católicos particularmente en la defensa de la vida y en la recuperación de las
raíces cristianas de Europa.
No era la primera visita del arzobispo griego al Vaticano, aunque sí era la
primera a un Papa. Su Beatitud Christodoulos se había encontrado con el cardenal
Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio, con motivo de las exequias de
Juan Pablo II, el 8 de abril de 2005.
Tras el encuentro privado, entraron en la biblioteca privada del Papa los
componentes de séquito del arzobispo de Atenas para escuchar ambos discursos.
Primero tomó la palabra Benedicto XVI para constatar que «hoy, nuestras
relaciones se reanudan lenta, pero profundamente y con una preocupación de
autenticidad».
«Nos ofrecen la oportunidad de descubrir toda una nueva gama de expresiones
espirituales llenas de significado y un compromiso mutuo. Damos gracias a Dios»,
reconoció.
Tras recordar los grandes pasos que se han dado en la relación entre católicos y
ortodoxos griegos, a raíz la visita que hizo a ese país Juan Pablo II, en mayo
de 2001, su sucesor invitó a dirigir «nuestra mirada hacia el porvenir», para
afrontar «un inmenso campo en el que podrá crecer nuestra colaboración mutua y
pastoral».
«Católicos y ortodoxos están llamados a ofrecer su contribución cultural y sobre
todo espiritual ».
En particular, «tienen el deber de defender las raíces cristianas del continente
[europeo], que le han forjado a través de los siglos, y permitir así que la
tradición cristiana siga manifestándose y operando con todas sus fuerzas a favor
de la salvaguardia de la dignidad de la persona humana, del respeto de las
minorías, prestando atención para evitar una uniformación cultural que correría
el riesgo de perder inmensas riquezas de la civilización».
Al mismo tiempo, aseguró, «es necesario trabajar para salvaguardar los derechos
del hombre, que comprenden el principio de libertad individual, en particular,
la libertad religiosa: estos derechos tienen que promoverse y defenderse en la
Unión Europea y en cada país miembro».
Su Beatitud Christodoulos, en su discurso, afrontó prácticamente los mismos
temas suscitados por el Papa.
«Venimos a visitar al eminente teólogo y profesor universitario, al investigador
asiduo del pensamiento griego antiguo y de los Padres griegos de Oriente; pero
también al visionario de la unidad de los cristianos y de la cooperación de las
religiones para asegurar la paz del mundo entero», comenzó reconociendo.
Consideró que su visita ofrece la oportunidad «emprender una nueva etapa para el
camino común de nuestras Iglesias para afrontar los problemas del mundo actual».
El arzobispo garantizó al Papa su compromiso para «superar los obstáculos
dogmáticos que obstaculizan el camino de la unidad en la fe», hasta que
ortodoxos y católicos alcancen «la unidad plena», y puedan «comulgar en el
Cuerpo y en la Sangre precioso del Señor en el mismo Cáliz de Vida».
En este sentido, arzobispo de Atenas confió en el trabajo de la Comisión Mixta
Internacional encargada del diálogo entre la Iglesia ortodoxa y la Iglesia
católica, que se reunió el pasado mes de septiembre en Belgrado, acabando con
años de estancamiento.
Antes de la audiencia con el Papa, Su Beatitud Christodoulos visitó la Basílica
de San Pedro en el Vaticano y rezó ante la tumba de Juan Pablo II y de otros
Papas.
En la tarde, participó en una solemne celebración en la Basílica de San Pablo
Extramuros, en la que recibió como regalo de la Iglesia de Roma dos eslabones de
la cadena con la que, según la tradición, fue hecho prisionero san Pablo
apóstol.
El regalo había sido preparado por voluntad de Juan Pablo II para esta visita
que el representante ortodoxo no pudo realizar a causa de las condiciones de
salud del fallecido Papa.
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